Miércoles, 10.17.2018, 0:16 AM
SINTRASEX
Le saludo Huésped | RSS

Sintrasex.es la voz del TSx [9]
Noticias sobre el trabajo sexual
fotos [3]
EVENTOS [1]
Estimen mi sitio
Total de respuestas: 13

Total en línea: 1
Invitados: 1
Usuarios: 0
Inicio » 2011 » Diciembre » 30 » «Orgullo puta»
2:18 AM
«Orgullo puta»
De sex workers
Genera.org

«Orgullo puta
Hablando con una estudiante y trabajadora del sexo

Liad llegó a Barcelona invitada a unas jornadas sobre el conflicto
israleo-palestino. De Barcelona viajó a Madrid y, una vez aquí, combinó
dos búsquedas: de trabajo en peep shows y de contactos con grupos de
mujeres que ella calificaría «pro-prostitución. Con la ayuda de
compañeros y compañeras de CGT, al fresco de la Eskalera Karakola en un
caluroso día de agosto, aprovechamos su estancia en Madrid para hacerle
una larga entrevista.

P- ¿Dónde vives y qué haces como medio de sustento?

R- Vivo en Israel y Palestina, en el lado israelí. Actualmente soy
estudiante y escribo una columna para un periódico: ésa es mi principal
fuente de ingresos. Tengo intenciones de trabajar en casas de citas como
telefonista, no como prostituta. Anteriormente, he trabajado haciendo SM
como ama y ofreciendo otros servicios sexuales pero sin mucho contacto
directo, más bien basados en fantasías. También he trabajado de
encueratriz [profesional del strip tease], en peep shows detrás de un
cristal, en espectáculos privados sin vitrina, pero igualmente basados
en fantasías. En alguna ocasión, he trabajado ofreciendo servicios
sexuales con algo de contacto físico, pero no total.

P- ¿Podrías hablarnos de la columna que escribes en el periódico?

R- Sí, es una columna personal, por lo tanto escribo sobre mí misma y
mis experiencias, principalmente mi experiencia en la industria del
sexo. Sobre todo procuro enlazar cuestiones del feminismo con el trabajo
sexual y con cómo las mujeres pueden adquirir más poder a través del
trabajo sexual. También intento destacar muchos asuntos éticos y
sociales relacionados con el trabajo sexual. Me parece importante
mencionar que no es muy común dar voz a las trabajadoras sexuales y creo
que ésa fue la intención inicial de esta columna. No es lo mismo que se
escriba sobre el trabajo sexual a que las propias trabajadoras tengan
voz y puedan hablar por sí mismas.

P- ¿Podrías hablarnos de la situación legal en lo que atañe al trabajo
sexual en Israel?

R- Sí, gran parte de la industria del sexo se mueve alrededor de la
prostitución. Otros servicios, como los espectáculos de strip tease son
menos comunes. También hay servicios de SM, como ya dije, y se producen
películas porno, pero, en realidad, el componente principal de la
industria es la prostitución. La prostitución no es ilegal en Israel,
pero no se la reconoce como un medio de ingresos, con lo cual, tiene un
estatus a-legal. Lo único que sí que es ilegal son los proxenetas,
alquilar un piso con propósitos de prostitución y poner anuncios
publicitarios de servicios sexuales. En Israel se ejerce la prostitución
principalmente en casas de citas y no en las calles. A veces también
existen los llamados «pisos privados, y hay mujeres que trabajan por
cuenta propia, pero, en realidad, la mafia controla gran parte de la
industria, especialmente en Telaviv y Haifa.

Israel tiene un alto índice de mano de obra migrante, gran parte de la
cual ha llegado a través de redes de tráfico de personas. Con relación
al mundo, Israel es el primer o segundo país con índices más altos de
prostitutas migrantes que han llegado a través de redes de tráfico.
Entonces, claro, por un lado, no se considera la prostitución como una
forma de trabajo, y además muchas de las mujeres ni siquiera tienen
estatus de trabajadoras, muchas de las que son migrantes, no cuentan con
papeles de residencia y las que han llegado a través de redes de
tráfico, además están atadas a un club en concreto: todos estos factores
se suman para hacer a las trabajadoras sexuales extremadamente
vulnerables, y esto favorece que los traficantes y los dueños de casas
de citas pueden aprovecharse de ellas.

Hay una diferencia entre los traficantes y los dueños de clubes. A las
mujeres que llegan a través de redes de tráfico ilegales, los
traficantes las dejan en manos de dueños de casas de citas a cambio de
altas sumas de dinero. Con esta «compra se crea una deuda «usurera
para las mujeres: es decir, que tienen que pagar con su trabajo el
precio de su manutención y todos los costes del viaje a Israel: los de
sus documentos, los billetes de avión∑ en fin, todo el coste del proceso
de contrabando. Además de la obligación de pago de una deuda de sumas
desorbitantes, al no tener papales ni contactos, quedan totalmente en
manos de las redes de tráfico y de los dueños de clubes. Los traficantes
y dueños de clubs a menudo se aprovechan de esta situación de
vulnerabilidad y abusan de ellas.

Hay una gran diferencia entre las mujeres migrantes en general y las que
llegan a través de redes de tráfico. Hay mujeres que han elegido ir a
Israel utilizando redes ilegales de migración, lo que significa pagar a
una persona o a varias por los gastos de un viaje que es ilegal. Pero
esto es distinto que llegar a través de redes de tráfico y quedar sujeta
a un único club en el que estás obligada a trabajar y hacer todo lo que
te digan para pagar la deuda «usurera. Por supuesto que la mayoría de
las mujeres prefieren venir por cuenta propia para no estar sujetas a
este tipo de deudas «usureras y así tener más flexibilidad a la hora de
buscar trabajo de manera autónoma. Pero no todas pueden, porque para
venir por cuenta propia hay que tener más medios. También existen muchas
mujeres israelíes que trabajan en la prostitución. Muchas de ellas han
nacido en Israel pero provienen de Europa del Este, y evidentemente hay
una gran diferencia entre las condiciones de trabajo de éstas y las de
las mujeres migrantes. Si tienes la ciudadanía, puedes negociar para
mejorar tus condiciones de trabajo, puedes obtener el 50 por ciento de
tu trabajo, no se lo debes a nadie y en general, los dueños de casas de
citas te tratan mejor. Además, como la prostitución es común en muchos
sitios, si no te gustan las condiciones de un lugar, puedes irte a otro.

También existe la prostitución de calle, pero es menos común. La mayoría
de las mujeres que trabajan en las calles son mujeres que no pueden
trabajar en casas de citas, principalmente transexuales y yonquis,
porque no las contratan. Como ya he dicho, hay mujeres que trabajan por
cuenta propia, no en casas de citas, sino que tienen un piso con una
amiga y trabajan juntas. Estas condiciones son mucho mejores, pero a la
vez significa convertirse en dueña de un negocio, lo cual comporta
riesgos, porque como ya he dicho alquilar un piso con el propósito de
ofrecer servicios sexuales directos (prostitución) es ilegal. Si te
descubren, quedas en una situación muy difícil y, además, si hay más
mujeres trabajando en el piso, se te puede acusar de proxeneta, con lo
cual te enfrentarías a dos cargos en los tribunales.

Hay dos cosas que me gustaría mencionar sobre la relación entre la
policía y la mafia. La mafia controla gran parte de la industria del
sexo, especialmente en Telaviv, donde la policía no interviene. No
estamos seguras, pero presuponemos que existe un acuerdo entre la mafia
y la policía. La policía seguramente considera demasiado peligroso
intervenir en lugares controlados por la mafia, mientras que hacen
redadas continuamente en sitios donde no hay tanta mafia, como en
Jerusalén. Evidentemente, quienes sufren las consecuencias son las
mujeres, porque muchas no tienen papeles y también por el carácter
alegal de la prostitución. Cuando detienen a una mujer que está
trabajando, en la calle o en un piso, suele ser por no tener permiso de
residencia, o por estar trabajando sin permiso de trabajo. Irónicamente,
en esos casos la prostitución cobra un estatus de trabajo, y te pueden
acusar de trabajar ilegalmente, sin papeles. Por otro lado, durante las
redadas en Jerusalén, intentan acusar de proxenetismo a alguien que
normalmente no es el proxeneta en sí, sino por ejemplo una mujer que
trabaja en el mostrador o la administradora.

Otra cosa de la que quisiera hablar es respecto a la legalidad del
trabajo. Evidentemente, es un trabajo sin estatus legal, todo lo que se
gana es dinero negro, en efectivo, y no se recibe ningún tipo de
prestación social. No conozco ningún caso de mujer que haya ido a
Hacienda para declarar impuestos y pagar la seguridad social y así
conseguir prestaciones sociales. Sin embargo, presupongo que si
sucediese, no sabrían cómo clasificarnos, en qué tipo de actividad
económica incluirnos, principalmente por razones burocráticas. No se me
considera empleada porque mi empleador, que es un proxeneta, nunca
admitiría que soy su empleada. Más que nada soy autónoma, pero no tengo
recibos, así que no puedo demostrar cuanto he ganado. Y desde luego no
puedo ser empresaria, porque ser dueña de un negocio de este tipo es
ilegal.

P- Háblanos de la situación global de la prostitución y del trabajo de
movilización y organización en torno a la industria del sexo.

R- El tema de la organización y movilización dentro de la industria del
sexo, es decir, la lucha para que el trabajo sexual sea reconocido como
tal y la lucha por los derechos de las trabajadoras, cobró importancia
en Estados Unidos a principio de los años 90. A partir de entonces, la
sindicalización de bastantes trabajadoras sexuales, la formación de
algunos colectivos de prostitutas, así como la aparición de colectivos
de trabajadoras sexuales con representación oficial en el gobierno han
dado empuje a esta situación. Uno de estos colectivos está en San
Francisco y tiene representación sindical. Hay otro sindicato de
prostitutas que se formó recientemente en Gran Bretaña, ligado a un
sindicato oficial. Además, me parece que existen algunos sindicatos en
Calcuta, así como en Hong Kong, que reciben apoyo de sus respectivos
gobiernos.

Por otro lado, se está produciendo un aumento de la migración de mujeres
que buscan trabajar en distintos sectores, entre ellos la prostitución.
En los años 90, con este incremento de la migración, se formó una
organización llamada «Coalición contra el tráfico de mujeres, que es
probablemente la organización más grande y sólida que trata la cuestión
de la prostitución desde una perspectiva absolutamente abolicionista. En
aquella época, tenía como prioridad absoluta en su agenda los problemas
del turismo sexual en Tailandia e intentó introducir este tema en la
agenda internacional. Otra cosa que sucedió en relación con el turismo
sexual fue el manifiesto internacional sobre prostitución de 1996. Era
un manifiesto escrito por prostitutas organizadas con una serie de
reivindicaciones, pero no tuvo mucho difusión.

Al mismo tiempo que aumentan determinadas problemáticas relacionadas con
la prostitución, la migración y el tráfico de mujeres y sus
consecuencias, vemos que la mayoría de las mujeres trabajadoras en la
industria del sexo no se quedan en un solo lugar, sino que optan por
migrar a lugares donde tienen posibilidades de estar mejor remuneradas.
Muchas mujeres procedentes de países pobres de Asia oriental se van a
Tailandia. Por ejemplo, mujeres filipinas. A su vez, las tailandesas
migran a Australia, donde se las considera exóticas y se las valora por
eso, mientras que las australianas se van a Japón, donde se las valora
por ser blancas y ganan más dinero. Hay incluso mujeres de Estados
Unidos que eligen Japón como lugar de trabajo. Las mujeres de Europa del
Este, por su parte, se van Europa occidental∑ y así sucesivamente. Así
que la migración es cada vez más predominante, y el tráfico de personas
también aumenta. Como esta situación es cada vez más visible, los grupos
contra el tráfico de mujeres (en su mayoría abolicionistas) han ido
cobrando fuerza y ha crecido su capacidad de presión.

Existen grupos con mucha influencia en el gobierno de Estados Unidos y
las Naciones Unidas. Debido a su trabajo en las Naciones Unidas, la
situación se ha polarizado y los políticos se han visto obligados
posicionarse, sea a favor de la prostitución, lo que significa reconocer
el derecho que tienen las trabajadoras al trabajo sexual, legitimando su
elección y permitiendo mejorar sus condiciones, o en contra, es decir,
tomando una postura abolicionista. Los y las abolicionistas generalmente
son humanitarios/as, trabajan para las prostitutas, mientras que los
grupos pro-prostitución trabajan con ellas y muchas veces son grupos
constituidos por las propias prostitutas. Las/los abolicionistas
trabajan en programas sociales y humanitarios y no en proyectos
progresistas o políticos. Ser abolicionista generalmente significa ver a
las mujeres como víctimas y, aunque por lo general desde estas posturas
no se intente erradicar directamente el trabajo de las prostitutas, sí
que se procura ilegalizar el proxenetismo y la creación de barrios
rojos, con el pretexto de mejorar las condiciones de las mujeres, cuando
estas medidas en la mayoría de los casos suelen traducirse en una mayor
vulnerabilidad para las prostitutas. El discurso humanitario de los/las
abolicionistas ha favorecido el estrechamiento de sus lazos y relaciones
tanto con el gobierno como con distintos organismos internacionales
ligados a las Naciones Unidas. Cada vez tienen más poder. Por ejemplo,
la «Coalición contra el tráfico de mujeres, una organización a escala
internacional, tiene un lobby muy fuerte. En términos generales, existe
una drástica división entre grupos abolicionistas y grupos
pro-prostitución, aunque ambos afirman ser feministas. La «Coalición
contra el tráfico de mujeres dice que toda la prostitución, todo el
trabajo sexual, es violación y que empeora el estatus de las mujeres en
la sociedad. Por otro lado, los grupos pro-prostitución y a favor de la
movilización por los derechos de las trabajadoras sexuales, dicen que la
prostitución siempre existirá y que cuando no se reconocen los derechos
de las prostitutas, se divide a las mujeres en buenas y malas, esposas y
putas. Además, estos grupos distinguen entre las mujeres que han elegido
trabajar en la industria del sexo y las que son víctimas, por el motivo
que sea. Como el debate está cada vez más candente y la «Coalición
contra el tráfico de mujeres es un organismo con mucha fuerza a escala
internacional, las Naciones Unidas han acabado aceptando una perspectiva
abolicionista, al igual que el gobierno de Estados Unidos. Asimismo, el
gobierno de Estados Unidos ha adoptado ya algunas medidas encaminadas a
la abolición de la prostitución. En resumen, los grupos abolicionistas
son más fuertes y tienen conexiones con el gobierno porque son
humanitarios y porque no son progresistas ni pretenden un verdadero
cambio social.

Recientemente, se presentó un manifiesto en Estados Unidos para cortar
los fondos de USAID. USAID es un organismo estadounidense que destina
fondos a muchos tipos de organizaciones internacionales humanitarias,
entre ellas algunas que trabajan la cuestión de la  prostitución. El
manifiesto exigía a USAID que suspendiera la financiación de
organizaciones que considerasen la prostitución como una forma legítima
de trabajo. Esto es algo muy grave: significa que se han retirado
subvenciones a todos los grupos que trabajan con prostitutas y las
reconocen como trabajadoras sexuales, aunque su trabajo consista
simplemente en enseñarlas a leer y a escribir para ofrecerlas otras
posibilidades en el mercado laboral. De modo que vemos una evolución que
apunta a la hegemonía de determinada visión de la prostitución, de
acuerdo con la cual todos los grupos que defienden los derechos de las
trabajadoras sexuales y la movilización de las prostitutas son
considerados prácticamente ilegales e ilegítimos y tienen que
enfrentarse a organismos gubernamentales internacionales y a las
Naciones Unidas, que les dan completamente la espalda.

Otro motivo por el cual la «Coalición contra el tráfico de mujeres ha
sido capaz de presionar en esferas tan elevadas y con tanta repercusión
reside en su alianza en Estados Unidos con grupos cristianos
fundamentalistas que también están en contra del trabajo sexual. Estos
grupos cristianos son muy poderosos, con lo cual esta alianza entre
ambos grupos y la unificación de sus agendas para promover una única
visión con respecto al trabajo sexual resulta bastante sospechosa. Por
otro lado, con el fin de sumar fuerzas para resistir a escala
internacional, los grupos pro-prostitución se están uniendo a
organizaciones de derechos humanos, en defensa de los derechos de los
trabajadores y en defensa de los derechos de los inmigrantes, así como a
organizaciones de trabajadoras sexuales, para constituir una coalición
internacional fuerte y hacer frente a organismos como las Naciones
Unidas.


P- ¿Cómo está funcionando esta alianza entre trabajadoras sexuales y
grupos de derechos humanos, laborales, etc? ¿Qué significa para ti el
activismo desde el trabajo sexual?

R- Lo bueno de esta alianza de las trabajadoras sexuales con distintos
grupos de trabajadores, grupos en defensa de los derechos de los
trabajadores inmigrantes y grupos de derechos humanos es que queda claro
que las trabajadoras sexuales tienen derechos y que son trabajadoras
legítimas y por lo tanto merecen los mismos derechos que los demás
trabajadores. En este sentido, se está convirtiendo en una lucha de
trabajadoras, aunque también es una lucha contra las abolicionistas.
Reconocer el trabajo sexual como trabajo no es novedoso, ni es algo que
haya descubierto yo, porque cualquier mujer trabajadora en la industria
del sexo sabe que lo que hace es un trabajo, porque es su medio de
sustento y no deja de ser trabajo por el hecho de que sea sexual. Es
algo que se hace con el fin específico de ganar dinero y para mejorar
las condiciones es preciso tener en cuenta que todos los tipos de
trabajo sexual, dentro de la industria del sexo, se parecen: el trabajo
en su conjunto, la interacción con los clientes, la manera de ganarte el
dinero, son siempre iguales. Únicamente varían las condiciones laborales
de un trabajo a otro. Para poder mejorar, para estar mejor remunerada y
mejorar las condiciones de trabajo, es necesario que nos reconozcan como
trabajadoras.

La lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales siempre ha sido
igual. Echaron dos veces del trabajo a una amiga con la que trabajé en
un peep show. Evidentemente, la echaron porque cada vez exigía más
derechos, era muy reivindicativa, causaba demasiados problemas a la
administración y llevaba trabajando allí algún tiempo, con lo cual los
dueños querían sustituirla por mujeres nuevas que poder ofrecer a los
clientes. El primer sitio al que acudió fue al Consejo de Trabajadores.
Yo he trabajado en lugares dentro de la industria del sexo en los que el
deseo de las mujeres de sindicarse y de luchar por más derechos imperaba
mucho más que en otros lugares de trabajo más «cualificado. Las
trabajadoras sexuales tienen mucha más conciencia de qué cambios hacen
falta. Lo que impide que se den esos cambios son las malas condiciones
de trabajo y las situaciones de esclavitud que hay a veces, que
obstaculizan la movilización. También es un obstáculo la victimización
de las trabajadoras sexuales. He conocido a mujeres, a las que las
abolicionistas les han lavado el cerebro mientras ejercían la
prostitución, que han terminado viéndose a sí mismas como víctimas y a
las que, por lo tanto, nunca se les ocurriría exigir una mejora de sus
condiciones, porque no se consideran trabajadoras. Y que, cuando
recurren a otra prostituta, no es con el fin de organizarse, sino para
buscar apoyo emocional, apoyo para poder seguir aguantando las
condiciones. Éste es uno de los problemas del abolicionismo.

En cuanto a lo que significa el activismo en el trabajo sexual, hay dos
cosas que se correlacionan. Una es la lucha por los derechos, que
empezarán a conseguirse cuando el trabajo sexual deje de ser tabú,
cuando esté legitimado y sea reconocido como trabajo, lo cual significa
quitar el estigma del sexo en general. Así que, para que el trabajo
sexual sea reconocido como un empleo, tanto los trabajos sexuales como
el sexo en sí deben ser menos tabú. Hay algunas personas que están en
contra de esto porque los servicios sexuales se remuneran en función del
propio hecho de ser tabú y porque no hay forma de acceder al sexo, a
determinado sexo, gratuitamente, y todo ello eleva el precio del trabajo
sexual. En lugares donde el trabajo sexual se ha despenalizado, se ha
registrado una reducción del precio del sexo, las mujeres ganan menos
dinero. Sin embargo, yo creo que, en general, sería beneficioso. También
porque considero que culturas menos represivas y con menos tabúes
ligados al sexo son mucho más saludables en su conjunto, tenga esto que
ver con el trabajo sexual o no.

Para mí, es muy importante señalar que una trabajadora sexual activista
adquiere más poder de su propio trabajo. Me refiero a que,
tradicionalmente, las mujeres se han diferenciado de los hombres por sus
habilidades sexuales, por su habilidad de atraerlos y seducirlos, lo
cual las hace mucho más fuertes que los hombres, no físicamente, pero sí
por el poder que tienen sobre ellos y la capacidad de convertir este
poder en una forma de trabajo, en un activo, en algo que dé dinero. Creo
que esta es una característica universal de todas las mujeres, pero
contradice los estereotipos internacionales que hay sobre las
prostitutas: se las suele retratar como mujeres pobres, víctimas,
yonquis, indefensas y en una situación mala. Lo que crea esa
contradicción es la incapacidad de separar el trabajo sexual en sí de
las condiciones en las que se realiza ese trabajo.

El trabajo dentro de la industria del sexo es siempre igual. Siempre
consiste en desplegar los propios poderes de seducción. Son las
condiciones de trabajo lo que hace que cada situación varíe y lo que
coloca a las mujeres en diferentes posiciones de desventaja. Por
ejemplo, el trabajo que desempeño dentro de una habitación con un
cliente, cómo lo seduzco, cómo consigo que haga lo que yo quiero, y los
medios que utilizo, es siempre algo universal. Sin embargo, lo que
diferencia es cuánto me pagan, cuánto poder tiene él sobre mí, en qué
consiste mi relación con mi proxeneta y si éste tiene trabajo que
ofrecerme: todos estos elementos forman parte de las condiciones de
trabajo. Asimismo, la lucha por la mejora de las condiciones se parece a
la lucha en otros sectores laborales. Si reconocemos el trabajo sexual
como una ocupación laboral, como un empleo, entonces podremos mejorar
las condiciones de las prostitutas y elevar la posición de las mujeres.
No rebajar, sino elevar su posición, porque lo que realmente hacemos las
trabajadoras sexuales es utilizar y celebrar para nuestro mayor provecho
los recursos y habilidades que las mujeres tenemos que ofrecer a la
cultura, en lugar de reprimirlos o de mostrarlos como algo malo.

P- ¿Crees que sindicarse sería una manera efectiva de mejorar las
condiciones en el trabajo sexual?

R- Por supuesto, creo que organizarse para mejorar los derechos es muy
importante. Desde un punto de vista general, que las trabajadoras
sexuales se sindiquen significa que se está legitimando su posición como
trabajadoras, y en este sentido los sindicatos son útiles. Lo que sucede
es que globalmente las condiciones son muy diferentes. Por ejemplo, en
Estados Unidos la prostitución es completamente ilegal y es necesario
que se despenalice, no legalice, sino despenalice, porque legalizar
significa el control del Estado y despenalizar quiere decir que todas
pueden ejercer cómo deseen. En otros países, la prostitución es alegal y
es importante que se la legitime y para eso, evidentemente, hay que
seguir los procesos habituales de organización, de organización de
colectivos, de lobbys, sean contra la política del gobierno o para crear
una resistencia contra los empleadores. Este proceso tiene la misma
importancia en otros sectores laborales. Lo que sucede es que los
problemas de un lugar a otro son diferentes y aunque el tipo de
organización necesaria también varía, en general se dan los mismos
procesos. En todos los lugares de la industria del sexo en los que he
trabajado, los problemas se parecían mucho a los de un trabajo
convencional, donde sindicarse es el único modo de resistencia que
tienen las mujeres. Sin embargo, es muy problemático cuando existen
sindicatos corruptos, que trabajan en alianza con el gobierno, que están
formados por hombres, que promueven agendas políticas de hombres, que
tienen acuerdos con negocios privados sindicados así como con el
gobierno; todos estos factores son obstáculos a la hora de sindicarse.
Pero, de nuevo, vemos que estos problemas de sindicalismo son habituales
en todo tipo de trabajos, les quitan el suelo a los trabajadores,
dejándolos sin poder, y así sucede en el trabajo sexual también.

Puedo dar un ejemplo de esto: ahora mismo, en Israel, los proxenetas de
varios negocios del sexo están intentando organizarse para hacer presión
al gobierno y pedir que se legalice la prostitución. Efectivamente, lo
hacen con vistas a beneficiarse de un tipo de legalización en las que
las mujeres ganarían menos dinero y ellos más, y además ya no podrían
detenerlos. Hay un grupo de abolicionistas feministas que están luchando
contra esto, en pro de la ilegalización total de la prostitución,
argumentando que así protegen a las mujeres de los proxenetas y
disminuyen el poder que éstos tienen. Por supuesto, estoy de acuerdo en
que el proxeneta debe tener menos poder y las mujeres más, pero creo que
tratar el tema desde esos dos ángulos contradice cualquier perspectiva
progresista. De haber lobbys de presión al gobierno, deberían ser de
trabajadoras sexuales en defensa de sus derechos, y sí, también por
legalizar la prostitución, pero en otras condiciones que las que quieren
los proxenetas. Una fuerte representación sindical permitirá crear un
fuerte grupo de presión para contrarrestar el proxenetismo y a los
dueños de negocios y garantizar nuestros derechos como trabajadoras.

Hace tiempo, trabajé en un peep show en Estados Unidos que estaba
vinculado con otro en el que las mujeres consiguieron sindicalizarse.
Hubo una gran mejora, no sólo en las condiciones de trabajo, sino
también en el aumento del poder de las mujeres con respecto a la
administración del negocio. Al igual que otros empleos, si los/las
empleadas tienen más poder, ya no es tan fácil despedir a cualquiera.
Pero durante el proceso, surgieron problemas típicos de cualquier
proceso de sindicalización en cualquier tipo de trabajo. En cuanto
descubren que quieres sindicalizarte, los jefes intentan averiguar
quiénes son las involucradas, intentan despedirlas bajo otros pretextos,
contratan a abogados para deshacer el sindicato, intentan romper el
sindicato con cualquier medio, contratan a mujeres esquiroles...

Resulta difícil cuando muchos de los negocios son pequeños y muchas
mujeres trabajan en casas de citas, porque cuando un lugar de trabajo se
sindicaliza, no afecta las condiciones de trabajo del resto de sitios.
Los traficantes y dueños de negocios suelen tener más de un negocio, eso
les permite despedir a mujeres con frecuencia y traer nuevas. Eso hace
difícil sindicalizarse, pero si sucediese a gran escala, las mujeres
tendrían más poder frente a los traficantes y la mafia organizada. Si
embargo, puesto que el mercado negro y los traficantes están en juego,
es un asunto muy difícil y peligroso, y las mujeres que trabajan bajo
esas condiciones son muy conscientes de ello.

Otra cosa que yo personalmente apoyo es una medida que no está en manos
de las trabajadoras sexuales sino de quienes consumen servicios
sexuales, es decir, consumo dirigido. Esto significa que si tienes la
opción de ir a cualquier casa de citas y contratar a cualquier
prostituta, deberías asegurarte de obtener los servicios solamente de
quienes están en mejores condiciones, para apoyarlas y boicotear a
aquellos que maltratan a sus mujeres. En definitiva, es utilizar el
poder del consumidor. Si eres feminista y estás en contra del tráfico de
mujeres o de menores, o lo que fuese, y no quieres que las mujeres
trabajen en malas condiciones, no tienes por qué dejar de consumir sexo,
sino dirigir tu dinero de manera más eficaz. Y por supuesto, como yo
misma soy una trabajadora sexual, creo que se debe dar propinas a las
mujeres y pagarlas más de lo establecido, porque mientras más dinero
cobren, menos desigualdad tendrán frente al proxeneta. Generalmente, las
propinas no se comparten con el proxeneta, sino que te quedas con la
cantidad íntegra, con lo cual ganas un porcentaje más alto de tu
trabajo.

También quiero añadir que es imprescindible la unión de las trabajadoras
en toda la industria del sexo, tanto para la lucha por la legitimación
del trabajo sexual, como para que las trabajadoras sean reconocidas como
tales. Sobre todo porque tiende a haber una jerarquización entre
diversos trabajos sexuales (actrices porno, teleoperadoras de línea
erótica, trabajadoras de peep shows o clubes de strip tease,
profesionales de SM), así como entre diferentes tipos de prostitución
(de calle, a domicilio, en casas de citas, clubes, «plazas, etc). Por
ejemplo, una encueratriz diría, «yo no soy prostituta, soy mejor y de
clase más alta. O una prostituta a domicilio bien remunerada podría
decir, «yo no trabajo en la calle, así que soy mejor. Sin embargo, ante
los ojos de la sociedad, todas somos iguales. Me refiero a que es igual
de difícil admitir públicamente que eres una encueratriz o una
profesional de SM, que admitir que eres prostituta. Es muy importante
recordar que el trabajo es similar y, reitero, únicamente cambian las
condiciones de trabajo, y cuánto cobras por él. El trabajo que
desempeñamos es igual en un plano emocional, y nuestro estatus ante los
ojos de la sociedad también es el mismo. Esto influye mucho en cómo
nuestra familia nos ve y cómo la policía y la ley nos trata. Para poder
organizarnos, las mujeres no deben fragmentarse o compartimentarse en
categorías jerárquicas, porque esto es precisamente lo que las
abolicionistas intentan hacer. Intentan separarnos al decir «tú estás
bien remunerada, evidentemente debiste tener elección, en comparación
con la mayoría que trabajan en la industria del sexo sin haberlo
elegido. En realidad, las condiciones de unas son mejores que las de
otras por otros factores: porque eres autóctona, porque eres joven, o
guapa, o porque sabes idiomas. El tipo de distinción que establecen las
abolicionistas en realidad pretende definir quién es víctima y quién no,
o más bien qué tipo de víctima eres, sosteniendo que la mayoría de las
trabajadoras sexuales migrantes son víctimas de la pobreza y de la
violencia de quienes trafican con ellas, mientras que el resto son
víctimas de la sociedad patriarcal (libertinas). En Israel, por ejemplo,
cuando una mujer tiene que declarar en un juicio, suelen decir en su
defensa «pobre mujer, no sabía a lo que venía, no sabía que terminaría
como prostituta, y por eso deberían dejarla libre, por eso deberían
tratarla bien. ¿Qué significa esto? ¿Que si sabías que ibas a trabajar
de prostituta, pero desconocías las condiciones, entonces eso te hace
delincuente? Intentan separarnos entre víctimas y mujeres malas o
libertinas. La diferencia que subrayan es que las buenas mujeres son
pobres y han caído en manos del tráfico y la migración y otras redes,
mientras que las malas han elegido mejorar sus condiciones al optar por
un trabajo más lucrativo acorde con sus deseos de vida, sus habilidades
y su capacidad de rentabilizar eso. Entonces, para poder organizarnos
por una mejora de nuestras condiciones es preciso saber que el trabajo
sexual no tiene distinciones y hacer falta unión y solidaridad entre las
trabajadoras sexuales de todo tipo. De otro modo, no podremos
confrontarnos ni con nuestro barrio, ni mucho menos con los poderes
legislativos.

Un último punto que quisiera añadir es que cuando la gente me pide que
me defina a mi misma, siempre me defino como puta. En hebreo digo puta,
para recuperar el término. No utilizo la palabra prostituta, porque en
inglés define específicamente lo que haces, mientras que puta es jerga
peyorativa que también define a cualquier tipo de mujer «fácil,
cualquier tipo de mala mujer, o cualquiera que trabaje en la industria
del sexo. Reclamar y reivindicar esa palabra, usándola con orgullo, lo
que en Estados Unidos se llama «orgullo puta [whore pride], permite
legitimar algo que es aceptable y además elimina las diferencias, porque
no exige que dé explicaciones o justificaciones de lo que hago en un
plano jerárquico. Soy puta por definición, por quién soy, y si consigo
valorizar eso, que se vea como algo positivo, entonces contribuye a mi
movilidad.


Madrid, agosto 2003.




Categoría: Sintrasex.es la voz del TSx | Visiones: 445 | Ha añadido: alejandra | Ranking: 0.0/0
Total de comentarios: 0
Nombre *:
Email *:
Código *:

«  Diciembre 2011  »
LuMaMiJuViSaDo
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031
  • Cree su sitio
  • Juegos Online Gratuitos
  • Su Escritorio en Línea
  • Tutoriales de Video
  • Fan Page de uCoz
  • Copyright MyCorp © 2018